Nada más abandonar el invierno decidimos
recibir a la primavera de una manera diferente, pedaleando por el continente
africano, más concretamente en Marruecos, un país fascinante
para la práctica del MTB. El Bike Al Magrib, organizado por NomadaSport
(www.nomadasport.com), es una manera fascinante de conocer una cultura
diferente y pedalear por lugares que sólo podías ver en
las películas.
El primer día después de montar las bicicletas, decidimos
hacer una visita a Marrakech, que sería el punto de partida de
nuestra aventura. Una ciudad que parece anclada en el pasado, en la que
el tiempo discurre de una manera diferente, que consigue que te olvides
del estrés y el ajetreo que se vive en las grandes ciudades europeas.
Es sorprendente lo rápido que pasa el tiempo caminando sin rumbo
por el zoco, donde no tardamos en convertirnos en expertos regateadores,
ya que el regateo es una especie de ritual que está presente en
todo trato y se desarrolla según reglas precisas manejables sólo
con la práctica, o perdiéndote en la plaza de Jena-El Fna,
observando boquiabiertos a los encantadores de serpientes, contorsionistas,
cantores y narradores ambulantes, malabaristas y multitud de puestos ofreciendo
comida típica a precios increíblemente baratos.
COMIENZA EL RAID
El primer día de pedaleo comenzaba en un pequeño pueblo
de montaña en el norte del Atlas. Casi todo el recorrido discurría
sobre pistas asfaltadas, subiendo y bajando los primeros puertos de la
jornada. El entusiasmo inicial, hizo que afrontásemos las subidas
demasiado fuerte y a pesar de no ser puertos excesivamente duros, más
de uno llegó bastante cascado. También pudimos darnos cuenta
de lo sorprendente de la geografía marroquí, ya que pensábamos
pedalear sobre un país semidesértico y nos encontramos valles
totalmente verdes, bosques de encinas e incluso coronamos un puerto nevado,
¡en plena primavera!.
Esa primera noche pudimos dormir en un poblado de Bereberes. Toda una
experiencia. Nada más llegar nos vimos rodeados por una pequeña
multitud de niños, que después de abordarnos, pidiéndonos
stilo (bolígrafos) y bombón (caramelos) se encargaban de
elegir invitados. Tras hacernos saber su elección nos llevaron
a su casa donde nos prepararon una cena a base de huevos, mantequilla
y pan que nos supo a gloria. Nosotros nos quedamos en casa de Mustafá,
un chaval de lo más espabilado, pues él sólo había
reunido más bolis y caramelos que el resto de niños juntos.
Nos parece alucinante su manera de vivir, sin luz ni agua corriente y
sin embargo, mostrando una hospitalidad inaudita con unos desconocidos.
La verdad que te da mucho que pensar encontrar gente que vive con tan
poco mientras nosotros estamos inmersos en una sociedad de consumismo
y derroche.
Al amanecer nos despedimos de nuestros nuevos amigos, mientras las dos
médicas de la expedición se encargaban de atender a los
niños que precisaban cuidados médicos. Nuestras dos médicas,
además de aguantar a todo el grupo de quejicas ciclistas, se encargaban
de atender a los enfermos que lo necesitaban ya que en la mayoría
de los pueblos carecen de medicinas y el hospital más cercano se
encuentra demasiado lejos.
Partimos por una pista que nos interna en el cauce de un río,
que seguimos durante varios kilómetros cruzándolo varias
veces, incluso pedaleando dentro de él.
Tras dejar el valle, nos encontramos con un duro puerto que sería
el primer tramo competitivo de la prueba.
El Bike Al Magrib es un raid semicompetitivo. Se circula a un ritmo tranquilo,
y sólo algunos tramos, principalmente subidas, son cronometrados,
es decir, que puedes hacer todo el recorrido sin fundirte demasiado, disfrutando
del paisaje y matar el gusanillo de la competición si eres de los
más machacas.
El puerto resultó bastante duro y dejó la carrera abierta
a cinco ciclistas que llegaron destacados. Tras el calentón, un
rápido descenso nos conduce hasta un precioso lago rodeado de montañas,
donde pasamos la noche.
El siguiente tramo competitivo se trataba de un puerto de 24 kilómetros
que nos elevaba hasta los 2700m. El fuerte viento en toda la subida hizo
que la carrera se resolviera en el último kilómetro, en
un apretado sprint. El paisaje había cambiado y se empezaba a parecer
a la idea que teníamos del desierto. Concluimos la etapa llaneando
a través de un valle, rodeados de montañas rojizas hasta
llegar a Tamta.
La cuarta etapa, fue prácticamente de descanso, 30km de bajada
a través de las majestuosas gargantas del Todra, un paisaje fascinante.
Como punto negativo decir que fue el único tramo en todo el raid,
donde nos encontramos turistas de los que acuden en manadas en autobuses
y no paran de sacar fotos. Nosotros ya nos sentíamos auténticos
nómadas.
Pasamos la tarde en Tinerhir, una ciudad bastante grande donde puedes
visitar los palmerales, darte un autentico baño "turco"
o pasear por el casco antiguo lleno de artesanos.
Después de dar cuenta de una copiosa cena basada en cus-cus, pasta
y tallín (cordero), nos dimos cuenta de que tendríamos que
soportar la dureza de las etapas por el día... y la fiesta por
la noche.
Unos músicos marroquíes comenzaron un improvisado concierto
al que no tardamos en unirnos para acabar todos bailando hasta las tantas.
UN DIA PERFECTO
Seis y media de la mañana. No hemos dormido mucho, pero nos han
contado que la etapa es alucinante; 120km de puro MTB y ni un sólo
cm de asfalto.
Nos internamos en el Shagro, un lugar semidesértico de montañas
basálticas de color negro. La verdad que este es uno de los días
que más he disfrutado de la bici de montaña, soy un verdadero
fanático de las megarutas y este fue uno de esos días en
que exprimes tu cuerpo un poco mas allá del límite, y llegas
completamente reventado pero con la sensación de sentirte un privilegiado
por poder disfrutar de estas emociones...; subidas interminables sobre
montañas de aspecto lunar, bajadas adrenalínicas con saltos,
curvas imposibles, peraltes, rápidas pistas atravesando vergeles
en el desierto... ¡Una gozada!.
Acabamos de alucinar cuando tras coronar el puerto más alto de
la jornada nos encontramos a los conductores guías y demás
personal marroquí que se habían montado una improvisada
fiesta, y estaban con la música a todo trapo, bailando sobre los
todoterrenos, totalmente surrealista, parecía sacado de una peli
de Oliver Stone.
El viento de culo nos hizo llegar casi sprintando al pequeño pueblo
donde pasamos la noche en un hotel de ensueño, que parecía
sacado de un cuento de las mil y una noches pero con piscina.
ENTRANDO EN EL SÁHARA
Para rematar nuestros doloridos cuerpo, nos esperaban 100km adentrándonos
en el desierto hasta llegar a Zagora, las puertas del Sahara.
A pesar de ser el perfil prácticamente plano resultó ser
la etapa más dura; largas pistas pedregosas, sol de justicia y
nada de sombra. Los que llevaban doble suspensión podían
avanzar mas fácilmente, el resto nos vimos obligados a bajar la
presión de los neumáticos, lo que provoco varios pinchazos.
Es impresionante como en pleno desierto cada vez que parabas a causa
de una avería en menos de 60 segundos, te veías rodeado
de varios niños pidiéndote caramelos. No conseguimos saber
de dónde salían.
Tras 100km llegamos a una gran duna que nos anunciaba el comienzo del
Sáhara, un arco elaborado con palmeras y unos músicos marroquis
hacian las veces de pancarta de meta, la cual cruzamos con gran satisfacción.
Atrás quedaban 460km de pista, dunas, arena, sudor y diversión.
Pero aún nos quedaba la fiesta final en un campamento rodeado de
dunas bajo las estrellas.
La entrega de premios, una fantástica horquilla Manitou Mars y
aprovechar la última noche del Raid.
El último día lo dedicamos a regresar a Marrakech y hacer
alguna compra de última hora. Todos partimos con la sensación
de haber hecho algo más que una carrera, una experiencia totalmente
inolvidable.
Si te gusta el auténtico MTB, eres un apasionado de las largas
rutas, los viajes salvajes, te gusta picarte con los colegas... a qué
esperas, el V Bike Al Maghrib está a la vuelta de la esquina.
Alberto Peláez Serrano.